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Publicaciones del Museo Pedagógico de Aragón



Cartilla para escribir en seis días Cartilla para escribir en seis días
Año de publicación: 18 de mayo 2012
Autor: Pedro Martínez Baselga
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte/Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 32
ISBN:
Precio: 3

Sinopsis:
Animado por el rotundo éxito de su primera Cartilla para escribir en seis días (Zaragoza, 1907), de la que se hicieron cinco tiradas en un mes y una edición especial de cinco mil ejemplares para ser distribuida en Santander, el catedrático de la Escuela de Veterinaria de Zaragoza, Pedro Martínez Baselga (Zaragoza, 18 de enero de 1862-Zaragoza, 22 de enero de 1925), se aventuró a plantear una segunda parte de su cartilla con la que pretendía que la escritura fuera más estética, más armónica y, sobre todo, más rápida. Los trazos aislados ralentizaban la escritura y el tiempo era un bien escaso: «hoy, la vida moderna, exige rapidez», concluía Martínez Baselga.
En esta segunda parte de la Cartilla para escribir en seis días (publicada también en Zaragoza en 1907) se presenta una serie de ejercicios para conseguir una escritura enlazada frente a la escritura natural de la cartilla primera. Con las dos cartillas el autor ofrecía, según su propia opinión, un método científico y completo ?indicado tanto para la iniciación como para el perfeccionamiento?. Las seis lecciones de esta segunda cartilla eran útiles para todos: adultos, niños de las escuelas y hombres de negocios y de carrera que desearan perfeccionar la letra en muy pocos días. Martínez Baselga prometía que si se hacían puntualmente todos los ejercicios de cada una de las lecciones, el éxito estaba asegurado. Así lo habían demostrado desde amigos íntimos hasta empleados de banco. Incluso él mismo había mejorado tanto la escritura en un mes que apenas se reconocía su caligrafía en la que usaba unas semanas antes.
Martínez Baselga sostenía que de nada servía la copia mecánica de muestras tan frecuentes en la época. Cuando se dibujaban las letras, cualquiera podía hacer primorosos ejercicios caligráficos, pero después, en la escritura cotidiana, se volvía, irremediablemente, al «escarbadizo». Hay que recordar que Martínez Baselga sostenía que la escritura de la mayoría de los españoles era un escarbadizo de gallinas. Para evitar estos malos hábitos había un requisito indispensable: desterrar las láminas de caligrafía, sobre todo las Iturzaeta, debidas al afamado calígrafo José Francisco Iturzaeta (Guetaria, 1788-Madrid, 1853), quien logró extender su método por toda España. Fue, además, director de la Escuela Normal Central de Maestros, cargo que ocupó durante cinco años. De su obra más conocida, Arte de escribir la letra bastarda española (Madrid, 1827), se hicieron diez ediciones, la última en 1859. En una «nota importante», Martínez Baselga prohibía explícitamente las láminas de este calígrafo, quizá el más conocido del momento, al tiempo que advertía: «nada de papel enrejado, nada de pautas y, sobre todo, nada de muestras caligráficas». Frente a la copia mecánica y servil, el autor de la Cartilla para escribir en seis días sostenía que su propuesta de escritura era «razonada» porque buscaba la comprensión: «la escritura debe servir para vaciar el pensamiento y no para copiar carteles». Además, recomendaba utilizar en los dictados o en las redacciones frases comunes, evitando las expresiones retóricas que no aportaban nada a la comunicación: «las principales bellezas literarias son la naturalidad y la brevedad. El porvenir es del telegrama y de la tarjeta postal. Los discursos se transformarán en notas. El tiempo es oro».
El método de Pedro Martínez Baselga, aunque no tiene la base científica que él declaraba, puede decirse que está basado en una lógica del sentido común porque propone una serie graduada de ejercicios para ganar rapidez y soltura en los gestos precisos para escribir. Esta cartilla perseguía la economía del trazo: no levantar la pluma, no tener que volver atrás para completar las letras, etc. Para evitar cualquier parecido con las tareas que habitualmente se hacían en las escuelas, y que solo conducían en cuanto desaparecía la vigilancia del maestro «al escarbadizo», Martínez Baselga repetía en cada una de las seis lecciones que no se hacían letras sino cadenetas de distintos tipos, tamaños y formas.
Actualmente, tanto los ejercicios de preescritura que hacen los niños cuando se inician en los primeros aprendizajes como los que se utilizan para la reeducación de la escritura, plantean, entre otros, ejercicios similares a las cadenetas, los bucles y las progresiones de Martínez Baselga.
Aunque la estética de los trazos dice mucho de quien escribe, no hay que olvidar que el sentido último de la escritura puede resumirse en dos principios: plasmar nuestro pensamiento para volver sobre él, para reflexionar, para hacernos conscientes de lo que somos y de lo que deseamos y, en segundo lugar, la escritura nos permite comunicarnos con quienes un día recojan del papel con sus ojos nuestras palabras.

Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón
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