PUBLICACIONES

Publicaciones del Museo Pedagógico de Aragón



El libro de los escolares de Plasencia del Monte El libro de los escolares de Plasencia del Monte
Año de publicación: marzo de 2007
Autor:
Editorial: Gobierno de Aragón / Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 64 + 99
ISBN:
Precio: 14

Sinopsis:
Simeón Omella y los niños de Plasencia del Monte compusieron, letra a letra, sirviéndose de la imprenta Freinet, un libro singular. El Museo Pedagógico de Aragón inicia su colección Publicaciones del Museo Pedagógico de Aragón con esta obra. Además del facsímile de El libro de los escolares de Plasencia del Monte puede leerse un texto de Elena Ruiz Gallán y un extenso estudio introductorio del profesor Fernando Jiménez Mier y Terán.

TRANSFORMAR EL MUNDO A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.
Amelia Almau
[Cuadernos de Pedagogía, septiembre 2007]

Es un gusto recuperar, en estos tiempos tan raros para la pedagogía activa, la experiencia de un grupo de alumnos, que en la frontera de la Guerra Civil, vivieron junto a su maestro, Simeón Omella. Bajo el título El libro de los escolares de Plasencia del Monte, el Gobierno de Aragón, a través de las publicaciones de su Museo Pedagógico, nos regala en edición facsímile los textos y dibujos de un experimentado grupo de escritores: niños de entre 8 y 12 años, que en el año 36 asistían a una escuela abierta y libre en un pequeño pueblo de Huesca. Niños que gracias a la pedagogía del Texto Libre aprendieron del conocimiento más cercano: el de sus padres, sus abuelos y su entorno. Merced a su imprenta escolar ampliaron su pequeño mundo a dimensiones insospechadas.
Es éste un libro que encierra grandes tesoros. El más evidente son los hermosos textos, estampados letra a letra, y sus dibujos, grabados a varias tintas mediante linóleo, caucho o cartas de baraja . Son espejo de un meticuloso y paciente trabajo. El de un maestro innovador, ejemplo de los aires modernizadores que sacudieron algunas escuelas durante la II República. Y el de unos chavales ávidos por aprender, por rescatar de su entorno un valioso conocimiento. Y son también ejemplo de cómo la imaginación y el esfuerzo suplían con creces la falta de medios. Sus páginas destilan ilusión, emocionan porque transmiten alegría de aprender, pasión por la palabra y por el conocimiento compartido.
Pero el libro consta de dos partes y su primera es igualmente apasionante. Tras la presentación de la consejera de Educación, diferentes textos desgranan lo que fue la experiencia de Plasencia y los fundamentos pedagógicos de Omella. Sus autores son personas muy implicadas con la propia experiencia. El primero de los textos, ?Letra a letra?, corresponde a Víctor M. Juan Borroy, principal impulsor de la publicación y director del Museo Pedagógico de Aragón. Con el cariño de quien ha investigado desde la cercanía, Juan desvela los porqués de dar a conocer la experiencia de Plasencia. Bajo el epígrafe «Un libro y un maestro», Elena Ruiz Gallán cuenta cómo de niña descubrió en la falsa de su casa el trabajo orginal; cómo le cautivó, y cómo, tras estudiar Magisterio en Huesca, intentó y consiguió seguir la pista de Omella. Finalmente, Fernando Jiménez Mier y Terán, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, escribe una amplia presentación cuyo título constituye un elegante guiño: «Texto libre sobre un libro de vida». Allí, Jiménez invita al lector a un viaje en el que conocer a Freinet y los freinetistas de Huesca y Cataluña y la impronta que dejaron.
Cartilla para escribir en seis días Cartilla para escribir en seis días
Año de publicación: 18 de mayo 2012
Autor: Pedro Martínez Baselga
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte/Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 32
ISBN:
Precio: 3

Sinopsis:
Animado por el rotundo éxito de su primera Cartilla para escribir en seis días (Zaragoza, 1907), de la que se hicieron cinco tiradas en un mes y una edición especial de cinco mil ejemplares para ser distribuida en Santander, el catedrático de la Escuela de Veterinaria de Zaragoza, Pedro Martínez Baselga (Zaragoza, 18 de enero de 1862-Zaragoza, 22 de enero de 1925), se aventuró a plantear una segunda parte de su cartilla con la que pretendía que la escritura fuera más estética, más armónica y, sobre todo, más rápida. Los trazos aislados ralentizaban la escritura y el tiempo era un bien escaso: «hoy, la vida moderna, exige rapidez», concluía Martínez Baselga.
En esta segunda parte de la Cartilla para escribir en seis días (publicada también en Zaragoza en 1907) se presenta una serie de ejercicios para conseguir una escritura enlazada frente a la escritura natural de la cartilla primera. Con las dos cartillas el autor ofrecía, según su propia opinión, un método científico y completo ?indicado tanto para la iniciación como para el perfeccionamiento?. Las seis lecciones de esta segunda cartilla eran útiles para todos: adultos, niños de las escuelas y hombres de negocios y de carrera que desearan perfeccionar la letra en muy pocos días. Martínez Baselga prometía que si se hacían puntualmente todos los ejercicios de cada una de las lecciones, el éxito estaba asegurado. Así lo habían demostrado desde amigos íntimos hasta empleados de banco. Incluso él mismo había mejorado tanto la escritura en un mes que apenas se reconocía su caligrafía en la que usaba unas semanas antes.
Martínez Baselga sostenía que de nada servía la copia mecánica de muestras tan frecuentes en la época. Cuando se dibujaban las letras, cualquiera podía hacer primorosos ejercicios caligráficos, pero después, en la escritura cotidiana, se volvía, irremediablemente, al «escarbadizo». Hay que recordar que Martínez Baselga sostenía que la escritura de la mayoría de los españoles era un escarbadizo de gallinas. Para evitar estos malos hábitos había un requisito indispensable: desterrar las láminas de caligrafía, sobre todo las Iturzaeta, debidas al afamado calígrafo José Francisco Iturzaeta (Guetaria, 1788-Madrid, 1853), quien logró extender su método por toda España. Fue, además, director de la Escuela Normal Central de Maestros, cargo que ocupó durante cinco años. De su obra más conocida, Arte de escribir la letra bastarda española (Madrid, 1827), se hicieron diez ediciones, la última en 1859. En una «nota importante», Martínez Baselga prohibía explícitamente las láminas de este calígrafo, quizá el más conocido del momento, al tiempo que advertía: «nada de papel enrejado, nada de pautas y, sobre todo, nada de muestras caligráficas». Frente a la copia mecánica y servil, el autor de la Cartilla para escribir en seis días sostenía que su propuesta de escritura era «razonada» porque buscaba la comprensión: «la escritura debe servir para vaciar el pensamiento y no para copiar carteles». Además, recomendaba utilizar en los dictados o en las redacciones frases comunes, evitando las expresiones retóricas que no aportaban nada a la comunicación: «las principales bellezas literarias son la naturalidad y la brevedad. El porvenir es del telegrama y de la tarjeta postal. Los discursos se transformarán en notas. El tiempo es oro».
El método de Pedro Martínez Baselga, aunque no tiene la base científica que él declaraba, puede decirse que está basado en una lógica del sentido común porque propone una serie graduada de ejercicios para ganar rapidez y soltura en los gestos precisos para escribir. Esta cartilla perseguía la economía del trazo: no levantar la pluma, no tener que volver atrás para completar las letras, etc. Para evitar cualquier parecido con las tareas que habitualmente se hacían en las escuelas, y que solo conducían en cuanto desaparecía la vigilancia del maestro «al escarbadizo», Martínez Baselga repetía en cada una de las seis lecciones que no se hacían letras sino cadenetas de distintos tipos, tamaños y formas.
Actualmente, tanto los ejercicios de preescritura que hacen los niños cuando se inician en los primeros aprendizajes como los que se utilizan para la reeducación de la escritura, plantean, entre otros, ejercicios similares a las cadenetas, los bucles y las progresiones de Martínez Baselga.
Aunque la estética de los trazos dice mucho de quien escribe, no hay que olvidar que el sentido último de la escritura puede resumirse en dos principios: plasmar nuestro pensamiento para volver sobre él, para reflexionar, para hacernos conscientes de lo que somos y de lo que deseamos y, en segundo lugar, la escritura nos permite comunicarnos con quienes un día recojan del papel con sus ojos nuestras palabras.

Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón
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