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Publicaciones Digitales del Museo Pedagógico de Aragón



Para la Fiesta del Árbol Para la Fiesta del Árbol
Año de publicación: 1923 (Edición facsímil digital: abril de 2015)
Autor: Manuel Ascaso Ciria
Editorial: Departamento de Educacion, Universidad, Cultura y Deporte. Museo Pedagógico de Aragón.
Nº de páginas: 13
ISBN:
Precio: Gratuito
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Sinopsis:
Todos los estudiosos coinciden en señalar que fue en 1805, en Villanueva de la Sierra (Cáceres), cuando se celebró por primera vez el día del árbol. Luego la fiesta se extendió paulatinamente por todo el Estado. Las disposiciones legislativas que se ocupan del día del árbol se publicaron durante las primeras décadas del siglo XX, un tiempo de modernización, de progreso y de apertura de la educación española a la influencia de Europa, fundamentalmente, a través del movimiento pedagógico conocido como la Escuela Nueva.
Durante esta misma época los maestros trabajaron en algunos ámbitos que superaban el currículo tradicional basado en la escritura, la lectura y el cálculo. En esta línea podemos considerar las prácticas de sericicultura y la plantación de moreras en los cotos escolares, las cantinas escolares, los roperos, etc. La escuela se estaba construyendo como institución y aspiraba a ser útil en la vida de los individuos.
Por otra parte, celebraciones como la fiesta del árbol, el día del pájaro o el día del libro contribuían a hacer visible el trabajo de los maestros. Durante aquella época una de las máximas aspiraciones era sacar la escuela a la vida e introducir la vida en la escuela. Y esto se conseguía el día de la fiesta del árbol cuando niños y maestros salían de la escuela y, acompañados por las autoridades –muchas veces con la presencia de la banda de música–, se dirigían al paraje elegido para plantar los árboles. Allí se pronunciaban los discursos de turno. En algunos casos, el fotógrafo inmortalizaba el momento y, quizá, se publicaban crónicas del acto en la prensa local.
Otros maestros aragoneses publicaron libros sobre este mismo tema. En 2009 el Museo Pedagógico de Aragón impulsó la edición facsímil de La fiesta del Árbol de Leonardo Escalona y Montaner, maestro de Albalate de Cinca, que publicó en 1933 una obrita de teatro para ser representada el Día del Árbol. A Gregorio Lax y a Casilda Manzana les debemos la obra Diálogos y cantos para la fiesta del Árbol, publicada en 1925 por la editorial de Vicente Campo de Huesca.

La fiesta del árbol de Manuel Ascaso Ciria

Manuel Ascaso Ciria había nacido en Huesca el 30 de marzo de 1892 y, cuando cumplió catorce años, hizo el examen de ingreso en la Escuela Normal de Maestros de su ciudad. Ascaso forma parte de ese grupo de maestros cultos que escribieron libros, dictaron conferencias, asistieron a cursos y seminarios y que contribuyeron decididamente a que la sociedad cambiara el concepto que tenía de estos profesionales.
El folleto que incluimos en la colección Publicaciones Digitales del Museo Pedagógico de Aragón vio la luz originariamente en los talleres tipográficos de la viuda de Justo Martínez de Huesca, una librería que publicó libros para las escuelas. La fiesta del árbol contiene dos diálogos. En el primero de ellos, El Torrente, El Árbol y El Labriego entablan una conversación dirigida a convencer al público de las bondades del arbolado.
El segundo diálogo tiene por protagonistas a un traficante en maderas que pretende comprarle los árboles a un agricultor codicioso e ignorante. El negocio no prospera gracias a la intervención de otro campesino, instruido e inteligente, capaz de convencer a su paisano de la necesidad de conservar los bosques.
En este folleto se pone de manifiesto que uno de los objetivos de esta celebración en aquella España rural y sumida en tantas carencias era concienciar a los agricultores de la necesidad de conservar el arbolado, aunque no tuviera una inmediata rentabilidad económica.


Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón


Si no puedo estudiar, no quiero vivir. Joaquín Costa y la Educación Si no puedo estudiar, no quiero vivir. Joaquín Costa y la Educación
Año de publicación: Enero de 2011. (Edición digital: 1 de octubre de 2014)
Autor: Víctor Juan
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 21
ISBN: 978-84-8380-254-0
Precio: Gratuito
Nº total de visualizaciones: 2181

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Sinopsis:
Los artistas que han representado a Joaquín Costa en lienzos, esculturas y dibujos, han idealizado su imagen, silenciado detalles de su vida al considerar que eran circunstancias sin interés o que empequeñecían al gran hombre, al prócer, al maestro, al educador de un pueblo, al nuevo Moisés, al león de Graus, al hombre de voz atronadora que hacía temblar a quienes se ponían en su camino. Y nada de eso -o casi nada- era cierto. Cien años después de su muerte queremos recuperar el lado más humano de Costa, queremos acercarnos al hombre despojado de adjetivos grandilocuentes. Quizá la primera condición para entender a Costa sea descubrir al hombre que tuvo sueños, fue feliz, se sintió solo, estuvo triste, tuvo amigos, se enamoró, superó las dificultades...

[En la cubierta de este folleto se muestra la fotografía que el joven Joaquin Costa se hizo para diagnosticar la enfermedad degenerativa que ya afectaba al lado derecho de su cuerpo]


Los secretos del Museo Pedagógico de Aragón. Guía de Urgencia Los secretos del Museo Pedagógico de Aragón. Guía de Urgencia
Año de publicación: Mayo, 2009. (Edición digital 18/07/2014)
Autor: Corcuera, Munia; Monforte, Elena; Jiménez, Rafael; Juan, Víctor
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Museo Pedagógico de Aragón.
Nº de páginas: 64
ISBN: 978-84-8380-174-1
Precio: Gratuito
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Sinopsis:
Cada pieza del Museo Pedagógico de Aragón guarda un secreto. En esta guía de urgencia se desvelan algunos de ellos, pero los más importantes tendrá que descubrirlos el visitante formulando preguntas a cada una de las piezas que encontrará en las distintas salas y espacios del museo. ¿Quién leyó este libro? ¿Quién jugaba con esta muñeca? ¿Quién se sentaba en aquel pupitre? ¿Cómo era la maestra que trabajaba con estos materiales? ¿Qué formación había recibido?
Otras preguntas las contestarán los símbolos que presidían la jornada escolar, los iconos del aula, los cantos y las celebraciones...
Todos estos elementos reflejan, en definitiva, el modelo de socialización que se perseguía en cada época y nos hablan de la concepción de la infancia, del modelo de aprendizaje, de las carencias que soportaban los niños, de la disciplina que se imponía en las escuelas, de las rutinas, de las diferencias entre los grandilocuentes discursos y las prácticas cotidianas...


Esplicación del Sistema Métrico Decimal de pesas y medidas y monedas legales Esplicación del Sistema Métrico Decimal de pesas y medidas y monedas legales
Año de publicación: 1853 (Edición facsímil digital 18 de mayo de 2014)
Autor: Pedro Pablo Vicente. Estudio introductorio de Juan Villalba Sebastián.
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte / Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 116
ISBN: 978-84-697-0323-6
Precio: Gratuito
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Sinopsis:
Una de las situaciones más angustiosas que puedo imaginar es que el mundo se convirtiera en aquel inquietante lugar que Humpty Dumpty le anunció a Alicia cuando esta decidió pasar al otro lado del espejo, un mundo en el que las palabras tuvieran, cada vez, un significado distinto, un mundo en el que se usaran palabras diferentes para representar la misma realidad. En el colmo de la maldad, Humpty Dumpty le dijo a Alicia que cuando él usaba una palabra, la palabra quería decir lo que él quería que dijera. Ni más ni menos. Alicia se quejó de que era muy difícil vivir así y Humpty Dumpty le dio la fórmula perfecta: la cuestión era saber quién mandaba. Y después bastaba con someterse a su autoridad y a la tiranía de las palabras. En ese espantoso lugar nos encontraríamos sin recursos para entendernos con los demás ni para entendernos a nosotros mismos. No podríamos contarnos y, por lo tanto, no tendríamos memoria de las cosas.

El lector tiene ante sus ojos el libro de un maestro turolense que quiso contribuir desde la escuela a la comprensión del Sistema Métrico Decimal, proyectando su conocimiento de las dificultades que niños y adultos encontraban en esta tarea. Pedro Pablo Vicente Monzón (Sarrión, 1823-Teruel, 1874) fue, como bien ha estudiado Juan Villalba Sebastián, un maestro culto y comprometido con la sociedad en la que vivía. Así lo demuestran los libros que publicó, las aventuras periodísticas en las que participó y su republicanismo militante que le llevó a ser nombrado síndico del ayuntamiento de Teruel e incluso llegó a obtener el acta de diputado en las elecciones a Cortes de mayo de 1873.

Pedro Pablo Vicente, en el prólogo de su Esplicación del Sistema Métrico Decimal de pesas y medidas y monedas legales, (Teruel, 1853), recuerda que en la Ley de 19 de julio de 1849 se dispuso que se enseñara obligatoriamente en todos los establecimientos de instrucción pública el nuevo sistema de pesar, medir y contar desde enero de 1852 y un año más tarde, en enero de 1853, sería obligatorio su uso en todas las dependencias del Estado, aunque en vísperas de cumplirse este plazo se acordó una prórroga más razonable, posponiéndose hasta 1860 el uso obligatorio del Sistema Métrico Decimal. Aunque pudiera pensarse lo contrario, once años era muy poco tiempo para un aprendizaje tan complejo en una España mayoritariamente rural y analfabeta en la que no se disponían de más instrumentos de influencia en los pueblos que el púlpito de las iglesias y la voz del maestro en la escuela, una institución precaria, abandonada a su suerte por los ayuntamientos y que se desarrollaba muy lentamente durante la segunda mitad del siglo XIX. Por eso no es de extrañar que bien entrado el siglo XX aún se utilizaran en España las viejas denominaciones como almud, adarmes o fanega, que servían a los habitantes de las zonas rurales para sus cálculos y transacciones. Generalizar el uso del Sistema Métrico Decimal fue un proceso muy laborioso. Todavía hoy hay ancianos en nuestros pueblos que cuentan, piensan y, por lo tanto, representan la realidad, con antiguas unidades de medida.

Esta versión de Esplicación del Sistema Métrico Decimal de pesas y medidas y monedas legales que ya forma parte de la colección «Publicaciones Digitales del Museo Pedagógico de Aragón» era la cuarta edición del libro, una edición ampliada con una gran lámina que facilitaba el conocimiento de las diversas pesas y medidas, con una selección de problemas resueltos y con un listado exhaustivo de equivalencia de las antiguas medidas con las que se proponían en el Sistema Métrico Decimal. Todo esfuerzo era poco. En el Museo Pedagógico de Aragón se exponen láminas y murales sobre el Sistema Métrico Decimal, unidades de capacidad y longitud, distintos instrumentos de medición, manuales escolares como este mismo de Pedro Pablo Vicente o cuadernos escolares con problemas de equivalencias que demuestran que las escuelas fueron utilizadas para explicar las ventajas de este sistema universal de contar, medir y pesar y que los propios maestros tuvieron que hacer un esfuerzo para enseñar a niños y adultos unos contenidos para los que ellos mismos no habían recibido ninguna formación. Esta es otra de las constantes en la vida profesional del magisterio: su adaptación a las necesidades de la sociedad que nadie había previsto durante su formación en las Escuelas Normales.

El lector se encontrará en estas páginas con el valor que tenían unidades de medidas más o menos conocidas, y con otras más raras como el escrúpulo que equivalía, exactamente, a un gramo y 198 miligramos. En casi todas las provincias españolas unidades como la vara, la libra, la media cántara, la fanega o la media caña tenían un valor distinto. El resultado de esta diversidad era un mundo sin referentes como el que prometía Humpty Dumpty en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. Basta pensar en la confusión que reinaría al construir una casa cuando el albañil fuera valenciano, el cantero aragonés, el carpintero gallego y el herrero de Bilbao. Hay que tener en cuenta que aún en el caso de que todos utilizaran las mismas palabras, para cada uno de ellos significarían una medida distinta.
Quizá esta Esplicación del Sistema Métrico Decimal de pesas y medidas y monedas legales que el maestro aragonés Juan Pedro Vicente Monzón escribió hace más de 160 años –y el hermoso cuento que contiene– sirva a los maestros de hoy para motivar a los niños a la hora de abordar el aprendizaje del Sistema Métrico Decimal.


El Magisterio de Aragón a su fundador El Magisterio de Aragón a su fundador
Año de publicación: 30 de junio de 1927 (Edición digital: 9 de octubre de 2013)
Autor:
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte / Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 34
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Precio: Gratuito
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Sinopsis:
TOMÁS Alvira Belzunce nació en Villanueva de Gállego (Zaragoza) el último día del año 1879. Era hijo del maestro de Villanueva de Gállego, Tomás Alvira Martín. Luego, él mismo se hizo maestro y el 15 de marzo de 1902 se sentó en el sillón que había ocupado su padre, frente a los mismos pupitres en los que había aprendido las primeras letras. En 1908 obtuvo el número uno en las oposiciones y fue nombrado maestro de la escuela de Montemolín, donde permanecería diez años. En 1918 permutó esta plaza con el maestro Arturo Agud Piquer y se trasladó a la antigua escuela de la Ribera, llamada ya entonces Valentín Zabala, situada en la calle Escobar, dirigida por uno de los maestros aragoneses más cultos del primer tercio del siglo XX: Orencio Pacareo Lasauca. Cuando en 1919 se inauguró el Grupo Escolar Gascón y Marín, Tomás Alvira fue destinado a esta escuela en comisión de servicios. Más tarde, en los primeros años veinte, comenzó su andadura la sección preparatoria del Instituto General y Técnico de la ciudad y Alvira fue el maestro encargado de la misma hasta su fallecimiento el 6 de junio de 1927.
Tomás Alvira fue presidente de la Asociación Provincial del Magisterio, participó en colonias escolares, habitual conferenciante y autor de dos obras bastante extendidas: Análisis gramatical. Con ejercicios prácticos (1923) y Registro Alvira (1923).

La Librería «Aragón» y El Magisterio de Aragón
En 1922 comenzó a publicarse El Magisterio de Aragón, un semanario que se imprimía en los talleres de la librería Aragón situados en la Plaza del Pilar. Tanto el periódico como la librería, tenían en el magisterio su principal clientela. A los maestros iba dedicada la publicidad, las publicaciones y las noticias. Los propietarios de la revista y de la librería eran tres maestros zaragozanos: Pedro Arnal, Tomás Alvira y Cecilio Mateo.
La prensa profesional del magisterio del primer tercio de siglo XX la componían, en general, humildes boletines, de ocho o dieciséis páginas, sostenidos muchas veces por asociaciones del magisterio o por librerías pedagógicas que daban un servicio al magisterio al tiempo que publicitaban los materiales que vendían en sus establecimientos. En estas revistas se ofrecía información administrativa, algunos artículos de opinión o de experiencias didácticas, recensiones de lecturas y un espacio que podemos llamar «notas de sociedad» en el que podían leerse noticias personales y profesionales relativas a los maestros –matrimonios, nacimiento de hijos, premios, conferencias…– que contribuían a crear un sentimiento de pertenencia a un grupo. Estas revistas no son grandes espacios para la teorización, pero algunos maestros ya escribían sobre la Escuela Nueva, comentaban traducciones de publicaciones extranjeras o el trabajo que hacía la Junta para Ampliación de Estudios. En Aragón pueden consultarse, entre otros, El Magisterio de Aragón, La Escuela Española, La Asociación, La Educación, El Educador.
El primer director de El Magisterio de Aragón fue Tomás Alvira. Unos meses más tarde, Alvira fue nombrado habilitado del partido de Calatayud, cargo incompatible con la dirección de revistas y periódicos profesionales y le sucedió Pedro Arnal Cavero al frente del semanario. De cualquier forma la presencia de Alvira en la revista fue constante. Sus artículos alcanzaron el rango de editorial semanal o de artículo de fondo. También son frecuentes los artículos de Guillermo Fatás o de Santiago Hernández Ruiz.
Cuando falleció Alvira, Pedro Arnal abandonó la sociedad, que se denominó a partir de entonces Alvira y Mateo, y en la que tuvieron un peso específico, cada vez más considerable, León y José María Alvira, sobrinos de Tomás.
En Zaragoza, durante la dictadura de Primo de Rivera dos maestros, Juan Antonio Tena y Tomás Alvira, fueron designados concejales de un ayuntamiento que presidía Miguel Allué Salvador, catedrático del Instituto General y Técnico de la ciudad. La colaboración de Tomás Alvira con el régimen de Primo de Rivera puede cuestionarse, pero su actuación municipal fue positiva para la educación de Zaragoza: impulsó las colonias escolares; defendió mociones sobre enseñanza y mejora de las escuelas municipales; propuso que los niños pudieran utilizar la Lonja por las tardes para hacer gimnasia; apoyó la celebración de la fiesta de los maestros y la construcción de nuevos grupos escolares

El número especial que «El Magisterio de Aragón» dedicó a su fundador
Unas semanas más tarde del fallecimiento de Tomás Alvira, El Magisterio de Aragón editó el número especial dedicado a la memoria de su fundador –que ahora reproducimos en la serie Documentos de la colección «Publicaciones Digitales del Museo Pedagógico de Aragón»– en el que escribieron maestros de Zaragoza y de la provincia, además de otras personalidades vinculadas al mundo de la educación. Estos artículos permiten bosquejar la figura de Tomás Alvira, uno de los maestros aragoneses más importantes del primer tercio del siglo XX. Este número de 30 de junio de 1927 falta en la colección de El Magisterio de Aragón que se conserva en la biblioteca de la Universidad de Zaragoza y, por eso, esta edición digital impulsada por el Museo Pedagógico de Aragón resulta especialmente valiosa.
En marzo de 1928 Villanueva de Gállego nombró a Alvira Hijo Predilecto y en junio de 1928 la escuela de Montemolín pasó a denominarse «Grupo Escolar Tomás Alvira».

Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón


Ramón Acín y la Junta para Ampliación de Estudios Ramón Acín y la Junta para Ampliación de Estudios
Año de publicación: Febrero 2010 (Edición digital 27/09/2013)
Autor: Víctor Juan
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón / Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 66
ISBN: 978-84-8380-212-0
Precio: Gratuito
Nº total de visualizaciones: 3486

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Sinopsis:
No todo el mundo piensa, cuando recuerda a Ramón Acín, que fuera un educador, un maestro de maestros, alguien que además de enseñar dibujo, mostró a centenares de estudiantes una manera de entender y de mirar el mundo. Esto es lo que hacen los buenos maestros sea cual sea la disciplina que profesan.
Los estudiosos de Ramón Acín destacan, por supuesto, al artista, al escritor, al militante anarco-sindicalista y muy pocos se detienen a consideran a Acín como pedagogo, educador o maestro, pero es evidente que la docencia ocupó una buena parte de su vida, veinte años, el tiempo que va desde su ingreso como profesor de dibujo de la Escuela Normal de Magisterio de Huesca 1916 a 1936 cuando fue fusilado.
En este encarte se reproduce el expediente de Ramón Acín que se conserva en el Archivo de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE). Esta documentación, escasamente conocida y rigurosamente inédita, demuestra el interés que Ramón Acín tuvo por la pedagogía y su permenente deseo de ser un buen profesor.
Desde 1921 Ramón Acín solicitó en varias ocasiones a la Junta para Ampliación de Estudios una pensión para viajar a ciudades como París, Roma, Munich o Londres. Quería estudiar los modernos procedimientos de la enseñanza del Dibujo. Junto su primera solicitud presentó como mérito los planos de una mesa-caballete que él mismo había diseñado.


La puesta en marcha de un gran Grupo Escolar La puesta en marcha de un gran Grupo Escolar
Año de publicación: Junio de 1936 (Edición digital: 15 de julio de 2013)
Autor: Pedro Arnal Cavero
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón / Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 14
ISBN:
Precio: Gratuito
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Sinopsis:
A nadie sorprendió que aquel joven, siendo el nieto del maestro de Huerta de Vero y el hijo de quien fue durante décadas maestro de Alquézar, decidiera estudiar magisterio. Los tres –el abuelo, el padre y el nieto– amaban la tierra, el paisaje y a las gentes del somontano. Pedro Arnal Cavero (Belver de Cinca, 12 de marzo de 1884 – Zaragoza, 27 de abril de 1962), nació en el pueblo donde su padre ejercía de maestro, pero muy pronto se trasladó a Alquézar y allí participó en las romerías, en los días de celebración como o cabo d'año o as fogueras de San Fabián. Escuchó centenares de historias, de leyendas y de cuentos que los mayores desgranaban en las noches de nevada, sentados en la cadiera, alrededor del fuego.
Arnal simultaneó los estudios de bachillerato y de magisterio en Huesca. Tras aprobar las oposiciones, obtuvo destino en Artajona (Navarra), donde conoció a Delfina Arambillet, con quien se casaría unos años más tarde. Tras una breve estancia en la escuela aneja a la Normal de maestros de Teruel, le fue adjudicada, en 1910, la escuela de la plaza de Santa Marta de Zaragoza. En 1911, formó parte del primer grupo de maestros españoles a quienes la Junta para Ampliación de Estudios pensionó para que conocieran el funcionamiento y la organización de las principales instituciones educativas de Francia y Bélgica. Por eso, a su vuelta, ensayó algunas de las iniciativas que tanto le impresionaron durante su visita a las escuelas de estos dos países, pronunció conferencias en las que relataba lo esencial de su viaje, y firmó decenas de artículos en la prensa sobre todo lo que podría hacerse en las escuelas de Aragón para aproximarlas a lo que ya se estaba haciendo en las de Europa. En 1921 fue nombrado director del grupo escolar de la plaza de Santa Marta. En 1929, se hizo cargo de la dirección de la escuela que Zaragoza levantó en memoria de Joaquín Costa. Pedro Arnal Cavero dirigió este Grupo Escolar durante los primeros veinticinco años de su funcionamiento, hasta que se jubiló en 1954, siendo el número uno en el escalafón de los maestros españoles.
Junto a su proyección pedagógica, fácilmente se descubre la dimensión ciudadana del director de la escuela Costa, quien colaboró en Montañeros de Aragón, en la Sociedad Aragonesa de Protección a los Animales y Plantas, en el Sindicato de Iniciativa y Propaganda de Aragón (SIPA), en el Ateneo o en la Institución Fernando el Católico. Además fue un incansable publicista que escribió asiduamente en varias revistas profesionales, especialmente en La Escuela Española, El Magisterio de Aragón y La Educación. Mención especial merece la fecunda relación que se estableció entre este maestro y Heraldo de Aragón, donde publicó su primer artículo en 1912 y, el último, unos días antes de su fallecimiento en la primavera de 1962. En sus artículos en la prensa local, se ocupó del somontano, de la montaña, de las costumbres y tradiciones. También fue el encargado de recordar a los lectores, cada febrero, el aniversario del fallecimiento de Joaquín Costa.

Su obra
Aunque guerra civil sumió a este maestro en un profundo silencio pedagógico, ya había escrito, antes de aquella vergonzosa tragedia, varios libros de temática educativa. El primero de ellos, la Cartilla Aragón, impreso en los años veinte en Zaragoza, conoció varias ediciones. También se hicieron dos ediciones de Lecturas (Zaragoza, 1923 y 1927), un delicioso librito ilustrado con los dibujos de los niños de la escuela de la plaza de Santa Marta. La prestigiosa editorial Dalmau Carles publicó Lecturas Estimulantes (Gerona, 1932), un libro muy apropiado para los niños que iniciaban el aprendizaje de la lectura. Asimismo redactó el texto que acompañaba a unas ilustraciones de Luis Mallafré para el cuaderno de geografía aragonesa titulado Apuntes de Geografía. Aragón, (Barcelona, 1936). En el archivo de Pedro Arnal Cavero se conserva Guía de Juventudes, un libro de lecturas para los chicos de los últimos grados de la escuela primaria que no llegó a publicarse.
Por otra parte, trabajó por conservar y recuperar una herencia antropológica, cultural y lingüística que corría el riesgo de perderse. Fue, como él mismo confesaba, andariego y navesante porque en Huesca, decía Arnal, aunque no tenemos mar, vivimos navesando: andando, corriendo, subiendo, trepando... por sendas y vericuetos de las montañas y de los bosques ásperos. Arnal Cavero reivindicó el paisaje, y defendió la necesidad de preservar las costumbres y tradiciones, el vocabulario, los refranes, etc. Así lo hizo en libros como Aragón en Alto. La montaña, el Somontano, la tierra baja (Zaragoza, 1940), en Aragón de las tierras altas (Zaragoza, 1955), en Vocabulario del Alto-aragonés (Alquézar y pueblos próximos) (Madrid, 1944) o en Refranes, dichos, mazadas... en el Somontano y montaña oscense (Zaragoza, 1953).
Los discípulos de don Pedro recopilaron una serie de artículos periodísticos escritos por su maestro, y editaron un grueso volumen misceláneo titulado Del ambiente y de la vida (Zaragoza, 1952).
Arnal Cavero formó parte, desde su creación en 1919, de la Sociedad Aragonesa de Protección a los Animales y Plantas donde realizó una notable labor divulgativa como puede comprobarse en el libro Por los seres indefensos (Zaragoza, 1960).

La puesta en marcha de un gran grupo escolar
Además de sus frecuentes artículos en la prensa pedagógica aragonesa, Pedro Arnal colaboró en la Revista de Pedagogía, fundada en Madrid en 1922 por Lorenzo Luzuriaga, inspector vinculado a la Institución Libre de Enseñanza. La Revista de Pedagogía fue el órgano de introducción y difusión de los principios de la Escuela Nueva, y la publicación periódica más importante de las primeras décadas del siglo XX, tanto por la entidad de sus colaboradores como por la modernidad de sus contenidos. La colaboración de Arnal en la Revista de Pedagogía se inició con un trabajo titulado «Los cuadernos escolares» (junio, 1926) en el que exponía las ventajas de su uso y expresaba el convencimiento de que se convertirían en un medio idóneo para transformar la antigua escuela, verbalista y árida, libresca y rutinaria, en una escuela moderna, agradable, alegre, reflexiva y educadora. Dos años más tarde, dedicó un artículo a «La escuela activa y la actividad extraescolar» (junio, 1928). En colaboración con Francisco del Olmo Barrios, encargado del laboratorio Psicotécnico de Orientación Profesional de Zaragoza, firmó un artículo titulado «Contribución al estudio de la personalidad según el método del Dr. Mira» (septiembre, 1930), basado en los resultados de una investigación realizada con los niños de la escuela Costa. En «La selección del Magisterio. Sugerencias de los Cursillos» (octubre, 1932) se mostraba muy crítico con el procedimiento ensayado durante la II República para sustituir a las clásicas oposiciones. Para finalizar, en junio de 1936, relató en «La puesta en marcha de un gran grupo escolar» la organización del Grupo Escolar Joaquín Costa de Zaragoza y la ilusión que despertó en los niños y en los maestros formar parte de aquella activa comunidad educativa.
Desde que en 1923 el arquitecto Miguel Ángel Navarro anunció en la prensa las líneas esenciales del futuro edificio dedicado a Joaquín Costa, Pedro Arnal hizo sugerencias en artículos y conferencias sobre lo que debería ser esa escuela. Entre otras cosas, recomendaba que se diera a conocer el proyecto a la ciudadanía; que se cuidara del mismo modo el patio de recreo que los espacios destinados a las aulas; que se seleccionase rigurosamente al profesorado que allí iba a trabajar; que la escuela contara con dependencias como laboratorios, biblioteca o despacho para el médico, exigidas por la moderna pedagogía; que se diseñaran minuciosamente los programas que iban a impartirse; que se estableciera un reglamento de funcionamiento que guiara a niños y maestros, o que se eliminara del entorno de la escuela todo aquello que pudiera perturbar el desarrollo educativo de los niños. Insistía en que lo más importante no era el edificio, sino el grupo de maestros y de niños que en él iban a convivir porque el Grupo Escolar Joaquín Costa era, fundamentalmente, un gran grupo humano, una treintena de maestros y más de mil quinientos alumnos.
Pedro Arnal Cavero era el director de la escuela Costa, el apasionado cronista del somontano, el colaborador durante cincuenta años de Heraldo de Aragón, el maestro que todas las primaveras acudía con un grupo de niños de la escuela a los pinares de Torrero para matar la procesionaria. Es cierto que recibió grandes muestras de reconocimiento entre las que podemos destacar la medalla de plata de la ciudad de Zaragoza; que se diera su nombre a algunas calles (en Zaragoza, en Huesca y en Alquézar), a una biblioteca infantil, a un puente que une las dos orillas del Canal Imperial de Aragón a su paso por los pinares de Venecia, a un colegio público y, más recientemente, al premio que otorga el Gobierno de Aragón a las obras escritas en aragonés. Dos homenajes honrarían especialmente a este maestro: ser nombrado, tras su jubilación, en el Boletín Oficial del Estado, director honorífico del Grupo Escolar Joaquín Costa, y que Alquézar le distinguiera con la consideración de Hijo Adoptivo.

Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón


Maestros en el caleidoscopio Maestros en el caleidoscopio
Año de publicación: junio 2013
Autor: Varios autores
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobiero de Aragón /Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 143
ISBN: 978-84-695-8136-0
Precio: Gratuito
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Sinopsis:
Presentación
Siempre he contado la vida en cursos. Suelo decir, como el maestro de la película Ser y tener, que hace veinticinco años que dicto dictados. Y me gusta este oficio. Doy clase en la antigua Escuela Normal de Magisterio de Huesca, en un hermoso edificio inaugurado en 1932. Las aulas tienen suelos de madera, techos muy altos y unos amplios ventanales por los que entra la luz limpia y el aroma de la tierra mojada del parque. Frecuentemente les leo a los estudiantes que aspiran a ser maestros el fragmento de la autobiografía intelectual de Emilio Lledó, publicada en la revista Anthropos en septiembre de 1982, donde el filósofo y académico recuerda a don Francisco, el maestro que supo despertar en aquel niño de seis u ocho años la curiosidad, las ganas de saber, el deseo de entender el mundo y, en definitiva, el amor por la teoría que, como defiende el propio Lledó, originariamente significa visión, mirada personal sobre la realidad. Como pocas palabras reflejan de una manera tan precisa la importancia que un maestro puede tener en la vida de los escolares, me permito reproducir el extenso párrafo casi completo:
«Aquí en Vicálvaro comencé a ir al colegio, y es aquí donde tuve una de las más hermosas experiencias intelectuales, si es que a esa edad puedo ya hablar así. Durante la guerra civil, el colegio instalado en un amplio y alegre caserón del pueblo, con un jardín misterioso, con rincones secretos, invernadero y estanque, constituía nuestra delicia en las horas de recreo. Para mí, sin embargo, el máximo atractivo de aquella época inolvidable no tenía que ver con el jardín, ni con mis amigos. Se llamaba don Francisco. Era el maestro de nuestra clase (…). A pesar de mis pocos años, nunca he olvidado aquella clase luminosa, cuyas ventanas recogían el verde de los árboles del jardín, ni aquel maestro joven que convertía aquellas horas en un juego maravilloso de curiosidad, de enseñanza, de alegría. Aún recuerdo sus famosas "sugerencias de la lectura". Don Francisco nos leía pasajes del periódico, del Quijote, de algún libro histórico, y nos pedía, a nosotros que en su mayoría no habíamos cumplido los diez años, que escribiésemos libremente lo que esa lección despertaba, evocaba, aludía. He tenido posteriormente buenos maestros, sobre todo en mis años de estudiante en Heidelberg, pero no recuerdo a nadie que llegase a despertar en mí, de una forma tan intensa, el convencimiento de que la educación es la clave de la vida humana, y que el aprendizaje y el conocimiento se puede convertir en una apasionante aventura».
El origen de Maestros en el caleidoscopio es un proyecto que el Museo Pedagógico de Aragón inició para recoger opiniones sobre el trabajo que los maestros hacen en las escuelas. En enero de 2010 abrimos el blog Más de cien razones, que ya ha sobrepasado las treinta mil visitas. En la breve presentación del blog se decía que nuestro propósito era conocer las razones que tienen los profesores para seguir dedicándose a este oficio hermoso, difícil y complejo. Queríamos contar los motivos que animan a los maestros a traspasar cada día el umbral del aula, queríamos contar cómo entienden su profesión maestros que han dedicado su vida a esta profesión y también queríamos conocer qué ilusión mueve a los jóvenes estudiantes que esperan dedicarse en un futuro próximo a la educación. Asimismo nos parecía muy importante que personas que no se dedican a la enseñanza compartieran el recuerdo que guardan de sus profesores. El resultado es este libro esperanzador que nos habla de lo definitivo que resulta encontrarse con un maestro que nos muestre el valor de la palabra, que nos ayude a construir nuestra identidad, que nos acompañe en el descubrimiento de los primeros aprendizajes, que nos contagie su pasión por la lectura y el amor a los libros, que crea en nuestras posibilidades, un maestro que después de cada tropiezo nos anime a seguir intentándolo y que nos dé seguridad en nosotros mismos.
No es extraño que el ruido creado alrededor de las escuelas, un ruido mediático, interesado y siempre inoportuno, nos impida descubrir y reconocer los logros que los profesores, los estudiantes y los padres han conseguido durante décadas de trabajo constante y silencioso en los colegios, en las escuelas, en los centros educativos. Por eso este libro, además de esperanzador, pretende ser un homenaje a los maestros. La dedicación de estos profesionales solo se explica por el compromiso ético que asumen y renuevan cada día con los jóvenes que se forman a su lado.

Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón
[De la presentación de Maestros en el caleidoscopio


Diario de un aprendiz de maestro Diario de un aprendiz de maestro
Año de publicación: mayo, 2013
Autor: José Luis Capilla Lasheras
Editorial: Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón / Museo Pedagógico de Aragón
Nº de páginas: 338
ISBN: 978-84-695-7563-5
Precio: Gratuito
Nº total de visualizaciones: 4364

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Sinopsis:
Este Diario de un aprendiz de maestro es la crónica de un viaje iniciático. A lo largo de estas páginas acompañaremos a un maestro en la no siempre apacible travesía de los primeros siete años de su ejercicio profesional por tres lugares distintos de Aragón (Ansó, Peñarroya de Tastavíns y Zaragoza).

Este diario es el diario de un maestro común y, al mismo tiempo, de un maestro extraordinario. Tenemos que agradecerle a José Luis Capilla que haya reunido centenares de páginas que nos permiten asomarnos a la vida cotidiana de un maestro. Compartiremos sus dudas, sus momentos de desánimo, sus ilusiones y su optimismo.

Este diario admite múltiples lecturas y ese es, precisamente, uno de sus valores. A estas páginas se acercarán los especialistas en Didáctica, en formación del profesorado, los interesados en la teoría curricular y la planificación, los que investigan el pensamiento del profesor o la relación entre la teoría y la práctica, y, en general, quienes pretendan entender un poco mejor el trabajo que los maestros realizan en las escuelas. Diario de un aprendiz de maestro es un libro particularmente atractivo para los estudiantes que se están formando para ser maestros.

Este diario es un manual de supervivencia para maestros que empiezan. José Luis Capilla comparte sus incertidumbres, sus inquietudes, sus deseos de hacer bien su trabajo, la ansiedad ante situaciones como el concurso de traslados o la evaluación de los escolares.

Este diario es una crónica personal de la educación aragonesa. En sus páginas encontramos referencias a los grandes programas del Departamento de Educación del Gobierno de Aragón, a los problemas con los que se encuentran los maestros, a la escuela rural y a la escuela urbana. En buena medida Diario de un aprendiz de maestro ya puede ser utilizado como fuente para la historia de la educación más contemporánea. Dentro de unas décadas tendrá un incalculable valor tal y como ha ocurrido con los diarios, memorias, dietarios o epistolarios escritos por maestros, profesores, inspectores o responsables de la política educativa que el profesor Antonio Viñao ha estudiado en las últimas décadas.

Este diario es, por encima de todo, un libro esperanzador, un libro en el que el autor sostiene que el suyo es un hermoso oficio, que es feliz con su trabajo, que tiene una profesión gratificante. Este mensaje es hoy más necesario que nunca.

Con Diario de un aprendiz de maestro el Museo Pedagógico de Aragón inaugura la colección "Publicaciones Digitales del Museo Pedagógico de Aragón", un proyecto que nos hace sentir la emoción de los pioneros, la ilusión de quienes transitan un camino por primera vez.

Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón
[Presentación de Diario de un aprendiz de maestro]


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