Cartilla para escribir en seis días
Autor:
Pedro Martínez Baselga
Editorial:
Departamento de Educación, Universidad, Cultura y Deporte/Museo Pedagógico de Aragón
Fecha de publicación:
30 marzo 2012
ISBN:
Páginas:
32
Precio:
3
Nos dicen las estadísticas que, en España, durante las primeras décadas del siglo XX quedaba mucho camino por recorrer para conseguir la completa alfabetización de la población. En Aragón, apenas el cincuenta por ciento sabía leer y escribir. Por eso cuando en 1907 Pedro Martínez Baselga (Zaragoza, 18 de enero de 1862-Zaragoza, 22 enero de 1925) dio a la imprenta su Cartilla para escribir en seis días, la obra fue acogida calurosamente por el público y resultó premiada en el concurso literario de la duquesa de Villahermosa, fue declarada de utilidad para la enseñanza del soldado y laureada con varios premios de ayuntamientos y diputaciones. Tal fue el éxito que a los pocos días de salir a la venta, se agotó la edición y en menos de un mes se imprimieron cinco ediciones más. Muchas personas aprendieron a escribir con esta cartilla y consiguieron «vaciar en el papel su pensamiento» y «comunicar a distancia con sus semejantes». Otros que quizá conocieran los rudimentos de la escritura, mejoraron su deficiente caligrafía porque, a juicio de Martínez Baselga, «la escritura de la mayor parte de los españoles parece un escarbadizo de gallinas».
Además de ser el titular en la Escuela de Veterinaria de Zaragoza de una cátedra de nombre larguísimo (Patología general y especial, Farmacología, Arte de recetar, Terapéutica, Medicina Legal y Medicina Clínica), Pedro Martínez Baselga fue un divulgador cultural y un impulsor de la educación popular. Por eso junto a publicaciones próximas a su formación académica y a su actividad profesional escribió obras como Urbanidad y Educación del comerciante moderno, (Zaragoza, Casañal, 1909); El matrimonio en la clase media (Zaragoza, Casañal, 1909); Sociología y Pedagogía (Zaragoza, Casañal, 1909); Museo Infantil. Juguetería y Psicología, (Zaragoza, Imprenta del Hospicio, 1910), recientemente reeditado con estudio introductorio de Luis Miguel Bajén (Zaragoza, Instituto Aragonés de Antropología, 2004) y Sociología y beneficencia (Zaragoza, Casañal, 1911). A su pariente Joaquín Costa le dedicó una amable biografía «Quién fue Costa» (Zaragoza, Casañal, 1918), reeditada por la Institución Fernando el Católico en 1998 con estudio preliminar de Eloy Fernández Clemente. Sin embargo, don Joaquín le confesó a Manuel Bescós, «Silvio Kossti», que Pedro Martínez no era santo de su devoción: «Ese señor Martínez Baselga es un neurótico de familia (de otro género ?y de otra rama? que yo por ejemplo y así puede enjarretar (sic) un tomo cada semana y media; pero mal año para quien se fíe y lo tome en serio?». Este es, a todas luces, un juicio demasiado severo. Cosas de familia.
En Cartilla para escribir en seis días Pedro Martínez Baselga propone un método diseñado para aquellos que no habían tenido la fortuna de contar con la asistencia de un maestro que les guiara en el aprendizaje de la escritura. Él mismo comprobó la utilidad de su método porque tras enseñar a escribir a su sirvienta, todas las muchachas del barrio llenaban los domingos la cocina de su casa donde acudían con el propósito de dominar la escritura. Martínez Baselga intercala entre las lecciones pinceladas de humor: «Escriba usted estas palabras quince veces y después a divertirse mucho y gastar poco» y al final de la tarea propuesta para otro día puede leerse: «Escriban un ratito copiando estas palabras y no trabajen mucho, porque se pueden volver calvos. Hasta mañana».
Nuestro autor defendía que al iniciarse en la escritura la comunicación debería estar por encima de aspectos formales como la ortografía: «Lo urgente es trazar letras para formar palabras y expresar ideas? La ortografía no hace falta por ahora. Es una especie de sombrero de copa que no sirve más que para estorbar. En Francia, Inglaterra y otros países, están estudiando la reforma de la ortografía para suprimirla».
Hay algo en esta cartilla que, salvando las distancias, recuerda la utopía de Comenio, cuando en su Didáctica Magna pretendía «enseñar todo a todos» y hacerlo fácilmente. También Martínez Baselga defendía que todos aprenderían la técnica de la escritura, aunque seis días es, se mire por donde se mire, un plazo demasiado breve. Más allá de la validez científica de esta Cartilla para escribir en seis días hemos de valorar la voluntad de acercar la escritura a todos.
Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón
