Las mujeres de mañana [AGOTADO]

Autor:
Casilda Manzana

Editorial:
Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón/Museo Pedagógico de Aragón

Fecha de publicación:
Diciembre 2009

ISBN:
Sin ISBN

Páginas:

Precio:
10

Casilda Manzana Lleida -Quintillá era el apellido de su marido- nació casualmente en Carcassonne (Francia), donde sus padres habían acudido a vendimiar, el 17 de mayo de 1888. En septiembre de 1904 comenzó los estudios de Magisterio en la Escuela Normal de Maestros de Huesca y en marzo de 1907 tomó posesión de la escuela de Fosado. De allí se trasladaría a Benabarre, Luzás y Fet, todas en la provincia de Huesca hasta que en 1915 obtuvo destino en Batea (Tarragona). Su aspiración era trabajar en su pueblo y vivir cerca de su familia. Por eso en 1916 concursó para obtener plaza de maestra en Tolva amparándose en el derecho de consorte, pero la Dirección General de Primera Enseñanza del Ministerio de Instrucción Pública desestimó su solicitud basándose en que a su marido no podía considerársele funcionario municipal, aunque se le retribuyera con 80 pesetas anuales por desempeñar el cargo de Depositario del Ayuntamiento?es decir, el encargado de mantener el acopio de granos, principalmente de trigo, y de prestarlo a los labradores y a los vecinos en condiciones módicas en época de escasez?. Finalmente consiguió su propósito en 1917 y en Tolva coincidió con el maestro Gregorio Lax de Roda con quien publicó un folleto titulado Diálogos y cantos para la fiesta del árbol (Huesca, Editorial Vicente Campo, 1925). En junio de 1934 participó en la Misión Pedagógica que tuvo lugar en Benabarre. En septiembre de ese mismo año obtuvo destino en Lérida. Las carencias y calamidades de la Guerra Civil le dejaron en un estado de debilidad crónico del que no se recuperaría. Por esta razón solicitó la jubilación en 1944, se retiró en Tolva y allí murió, en 1954, a la edad de 66 años.
Uno de los primeros días del otoño de 2009 viajé a Tolva y conocí a Josefa Solana, la única antigua alumna que aún está viva de las que asistieron a la escuela del pueblo con Casilda Manzana. Tenía noventa años, y su rostro se ilumina al recordar que su maestra inventaba cuentos y canciones para ellas. Me contó que doña Casilda era cariñosa, se preocupaba por todas las niñas y tenía el extraordinario don de saber escuchar y de dar prudentes consejos.

Aunque en el pie de imprenta no se señala la fecha de edición, sabemos que Las mujeres de mañana se publicó en 1927 por el elogioso comentario que dedicó a esta obra Gregorio Lax en las páginas de El Magisterio de Aragón en enero de 1928.
Las mujeres de mañana fue un libro moderno, raro en el contexto de finales de los años veinte del pasado siglo, sorprendente por tener como protagonistas y destinatarias de la narración a las mujeres, a las niñas de la escuela, revolucionario por estar escrito por una maestra aragonesa cuando no era frecuente que las mujeres participaran en asuntos públicos o se significaran socialmente. Tanto es así que frente a una notable nómina de maestros que publicaron libros para las escuelas o libros dirigidos al gran público -recordemos a Orencio Pacareo, Miguel Sánchez de Castro, Guillermo Fatás, Tomás Alvira, Miguel Vallés Rebullida, Pedro Arnal o Santiago Hernández, por citar sólo a algunos de los más conocidos- apenas tenemos libros escritos por maestras. Hay que situarse en la época en la que Las mujeres de mañana salió de las prensas de la viuda de Justo Martínez en Huesca para entender el significado de esta obra. Bastará mencionar dos ejemplos. Unos años antes de la publicación del libro de Casilda Manzana se anunciaba en El Noticiero una conferencia de Salvador Minguijón y se advertía expresamente: «Al acto podrán asistir señoras». El segundo caso también resulta muy ilustrativo y tiene como protagonista a una maestra de Montalbán, Visitación Gómez Lozano, quien formó parte del consejo de redacción de la revista La Asociación, órgano de expresión del Magisterio de Teruel desde septiembre de 1927 hasta septiembre de 1928. Durante estos meses fueron frecuentes sus colaboraciones en las que demostraba un profundo conocimiento de la Escuela Nueva. Un año después se despidió del magisterio porque contraía matrimonio con un próspero industrial de Montalbán y sus nuevas obligaciones como esposa le impedían trabajar en la escuela.
La preocupación de Casilda Manzana por la educación de la mujer no empieza ni termina con este libro. En 1919 participó en las conferencias organizadas por la Asociación del Magisterio del Partido de Benabarre presentando una ponencia sobre «Educación de la mujer». No en vano sostenía en Las mujeres de mañana que la educación de la mujer era el problema de más atractivo para todo amante del progreso moral. Por eso Casilda Manzana pronunció varias conferencias que tuvieron a la mujer como tema central.
En Las mujeres de mañana Casilda Manzana se sirve del ejemplo de las vidas de mujeres como Morayma, Egilona, Agustina de Zaragoza, María Pita, Isabel la Católica o Juana de Arco para proponer ejemplos de valor, de capacidad de sacrificio, de arrojo ante las dificultades y de servicio a la sociedad. Después de estos modelos femeninos basados en la historia, la autora recuerda anécdotas de su ejercicio profesional tomados de un «cuaderno personal» en el que dice escribir junto a los nombres de todas sus alumnas los principales rasgos de su carácter. Para concluir aborda temas propios de estos libros de lecturas que, como sabemos, tenían una evidente finalidad moralizante: el respeto a la vejez, la censura de la mentira y del orgullo, etc.
Afortunadamente, Las mujeres de mañana es el reflejo de un modo de entender el lugar de la mujer en el mundo y en la familia que ya hemos superado. Reconforta leer cómo ha progresado la sociedad y que el hoy y el mañana de las niñas que asisten a la escuela es infinitamente más prometedor que hace ochenta años.

Víctor Juan
Director del Museo Pedagógico de Aragón